Es a raíz de las numerosas irregularidades detectadas en las
morgues de los hospitales Muñiz, Durand, Rivadavia y Ramos Mejía. El juez
Gallardo allanó en los últimos días los veintidós hospitales de la Ciudad que
guardan cadáveres y registró imágenes alarmantes.
Con los allanamientos del lunes ya suman veintidós las
morgues de los hospitales inspeccionadas por el Juzgado Administrativo Nº 2, a
cargo de Roberto Andrés Gallardo. Todo empezó cuando el Gobierno de la Ciudad
de Buenos Aires (a través de la Procuración) pidió autorización al juzgado de
Gallardo para sepultar veintitrés cuerpos que estaban depositados en las
heladeras de cuatro hospitales porteños.
A partir de irregularidades en los registros de los
cadáveres, el juez decidió allanar primero las cuatro morgues. Con esos
hallazgos avanzó sobre las morgues de
los dieciocho hospitales restantes, y también sobre la Dirección General de
Cementerios y la Procuración General de la Ciudad. Desorden, registros
incongruentes, cadáveres putrefactos, cuerpos que faltan y otros que “sobran”, y
hasta féretros lujosos guardados en una habitación: esas fueron las primeras
imágenes que registró el juez para hacer un diagnóstico sobre las morgues
porteñas.
El viernes fue un día largo y revelador para Gallardo, que desde
temprano empezó con la recorrida por las cuatro morgues. Comenzó por la del
Hospital Durand, siguió por la del Ramos Mejía, después fue al Muñiz y terminó
en el Rivadavia. Lo acompañaron agentes
de la Policía Científica y de la División Tanatología de la Federal.
“Los cadáveres estaban literalmente apilados y en
condiciones deplorables”, contó Gallardo a Infojus Noticias. El juez comprobó
que en ningún caso se cumplía con el protocolo de identificación de los cuerpos,
que deben tener una cartilla atada al pulgar del pie izquierdo, en vez de
bolsas con etiquetas, tal como halló en el mejor de los casos. A partir de los
operativos del viernes, este lunes Gallardo continuó por otros de centros de
salud, hasta completar todos los hospitales porteños que tienen morgue.
Después de acumular pruebas en un total de veintidós
hospitales de la Ciudad, empezó a preparar un informe. En su juzgado se
acopiaron los registros de las morgues, las historias clínicas que se pudieron
encontrar, y la documentación secuestrada de la Dirección de Cementerios y de
la Procuración porteña. En las morgues aparecieron cuerpos que no figuran
registrados en los libros de ingreso y egreso, y más de 70 cadáveres que -según
los libros- debieran estar en las heladeras pero no aparecen. De esos casos
consta el ingreso, no el egreso: no se sabe dónde están.
El allanamiento del viernes
Gallardo fue al Hospital Muñiz a buscar el cuerpo de un
hombre no identificado, supuestamente fallecido el 9 de febrero de 2009. Se
encontró con cuatro cadáveres -uno de ellos podría ser este NN- y otros tres
identificados. Los registros eran irregulares y no existía control de entrada
ni de salida de los cuerpos. Los cadáveres estaban “en avanzado estado de
descomposición” y las condiciones de higiene y mantenimiento eran
“absolutamente deficientes e inadecuadas para un centro de salud”. En una de
las cámaras de frío (en la que se guardan los cuerpos), había envases de
cerveza y un televisor.
En el Durand el juez intentó rastrear a catorce personas
fallecidas entre 2008 y 2011. Los recibió la Dra. María del Carmen Kordich, jefa
de la sección Micropsias del servicio de Anatomía Patológica. Les entregó tres
listados con registros de trece cadáveres de adultos y seis de menores. Aunque
coincidían en número con los cuerpos de las heladeras, la identificación de los
muertos no concordaba con las planillas.
En los registros de años anteriores, apenas encontraron
datos de tres de los catorce cuerpos. “Las emanaciones de los cuerpos hasta
generan quejas de los vecinos”, le contó Kordich al juez. Y le explicó que no
tienen forma de paliar los cortes de luz, que provocan la pérdida de frío de
las cámaras, y la consecuente putrefacción de los cuerpos. Sólo se pudo tomar
huellas dactilares de cuatro de los diecinueve cadáveres, el estado de
descomposición impedía obtener más registros.
Gallardo llegó al Ramos Mejía para encontrar los cuerpos de
dos bebés fallecidos poco después de nacer, en 2008. El director Eduardo Seoane
le entregó dos bolsas de polietileno etiquetadas con los nombres de ambos bebés.
Una bolsa tenía un cuerpo disecado. La otra, “un líquido sanguinoliento y
gelatinoso” que según las autoridades, eran los restos del otro bebé. ¿La
explicación? Que el hospital no tiene freezer. En la misma bolsa estaba el pie
amputado de un adulto.
El único registro de esa morgue era de julio. No
individualizaba los cuerpos almacenados, no reflejaba ingresos ni egresos, faltaban
datos, y los que estaban tenían tachaduras. Al revisar las heladeras, los
empleados encontraron el cadáver de un adulto en una bolsa. A sus pies, otra
bolsa de consorcio con dos fetos. Uno de ellos tenía una etiqueta con el mismo
nombre del primer cuerpo disecado. Gallardo apuntó que se encontraron tres
cadáveres de menores, “tirados” en distintos lugares, “como si se tratara de
residuos”. Los registros no cumplían con ningún protocolo e incluían datos de
otros diez cadáveres que no se encontraron en el lugar.
En el Hospital Rivadavia aparecieron cuatro de los cinco
cuerpos que fueron a buscar, y otros nueve de los que había algún registro. Los
directivos del área “mencionaron que había otros cadáveres en un número
indeterminado” que por su antigüedad y la falta de datos, no podían identificar.
El cuerpo de un bebé en una caja y fuera de las cámaras de frío desde el día
anterior, otros restos tapados por cartones y en avanzado estado de
putrefacción, y 73 ingresos anotados pero cuyos cuerpos no aparecen, son
algunas de las señales de alarma que se activaron con el allanamiento.
El misterio de los féretros del Ramos Mejía
En dos cuartos contiguos a la morgue, había ocho féretros
casi nuevos, de apariencia lujosa. En una habitación estaban los de madera, en
otra los de metal, dos de ellos importados de México. Las autoridades se contradijeron:
el director sostuvo que eran donaciones provenientes de un cementerio privado
de Burzaco, y que no tenían ningún registro porque “habían sido ofrendas de
buena voluntad”.
Daniel Priano, que se identificó como el “morguero”, dijo
que habían sido enviados desde el crematorio de la Dirección de Cementerios, porque
“sólo se creman los cadáveres, los ataúdes se reutilizan”. Por los féretros
metálicos respondió que, como en los nichos de los cementerios locales los
cuerpos ya no entran, “se utilizan para enviarlos al exterior” (sic).
El juez Gallardo ordenó realizar pericias sobre estos
féretros, que hasta ahora no arrojaron resultados significativos. Mientras, se
trabaja en conjunto con la Cancillería y la Aduana para determinar si los
ataúdes provienen del exterior.
Explicaciones y responsabilidades
Gallardo confirmó a Infojus Noticias que la investigación
continuará con la organización y el análisis de la información secuestrada. El
primer paso será intentar avanzar en la identificación de los cuerpos y
realizar audiencias “de explicaciones”, a las que se citará a las autoridades
de los cuatro hospitales allanados el viernes. A partir del martes 13
desfilarán por tribunales los directores, los responsables de Anatomía
Patológica y los jefes de las morgues del Muñiz, el Rivadavia, el Ramos Mejía y
el Durand.
“Vamos a trabajar lo más rápido posible para que no haya
impunidad en términos administrativos, por la violación de los protocolos, decretos
y leyes locales”, sostuvo el juez. Agregó que hay muchas personas buscando
familiares o amigos desaparecidos, que merecen saber si alguno de los cuerpos
hallados corresponde a esas personas. Una vez
que el juzgado haya procesado toda la información disponible, elaborará
un informe que sirva de base para una investigación penal.
Autor: Franco Lucatini
Fuente texto e imagen: InfoJus noticias

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