Ocurrirá si demócratas y
republicanos no acuerdan hoy un nuevo presupuesto. La oposición exige que Obama
suspenda la iniciativa, algo que el mandatario ya rechazó.
Millones de estadounidenses
dejarán de percibir ingresos si demócratas y republicanos no logran hoy acordar
un nuevo presupuesto y evitar que el gobierno federal entre en una cesación de
pagos.
Analistas y políticos
manifestaron su esperanza en los principales medios, como el New York Times y
el Washington Post, de que alguna de las partes termine cediendo para sortear
lo que se califica como un desastre económico. Pero a menos de un día del plazo
para llegar a un acuerdo -la 0 hora del 1 de octubre-, no se vislumbraba
ninguna solución concreta o factible.
Los republicanos, presionados por
su sector más derechista, el Tea Party, aprobaron el sábado en la cámara baja
una ley para extender el presupuesto hasta diciembre siempre que se retrase un
año la aplicación de la reforma sanitaria, algo inaceptable para los demócratas
después de que fue declarada constitucional por el Tribunal Supremo y firmada
por el presidente, Barack Obama.
El Senado, donde la Casa Blanca
tiene la mayoría, seguramente rechazará hoy la ley y a partir de mañana se
produciría el primer cierre del gobierno federal en 17 años -desde la época de
la administración de Bill Clinton- con un costo que el gobierno estima en más
de 1.000 millones de dólares sólo para las arcas públicas.
La parálisis de parte del
gobierno federal enviaría a los trabajadores no esenciales a sus casas (unos 800.000)
y obligaría a varios millones a continuar sus labores sabiendo que no van a
poder cobrar.
Los únicos que se salvan, gracias
a un acuerdo bipartidista logrado este fin de semana, son los militares, quienes
seguirán recibiendo sus cheques pase lo que pase en el Congreso.
TEMOR POR CRISIS MUNDIAL
Las consecuencias negativas no se
circunscribirían exclusivamente para los empleados federales. Obama fue bien
claro cuando subrayó que dejar al país sin presupuesto y sin dinero para pagar
las facturas desatará una nueva crisis que podría afectar a todo el mundo.
No aumentar el techo de la deuda
“tendrá un efecto profundamente desestabilizador en la economía entera, en la
economía mundial, porque América es el referente de la inversión mundial”, subrayó.
“El dólar es la moneda de reserva. La deuda que establece el Tesoro es la base
de nuestro mercado de capitales. Por eso no se juega con estas cosas”, añadió.
Concretamente, un cierre
prolongado del gobierno federal y una cesación de pagos tendría un efecto
dominó que va mucho más allá de Washington, ya que afectaría a los mercados
financieros, elevaría la tasa de desempleo y desaceleraría el tímido
crecimiento, según economistas.
De hecho, Wall Street, según el
índice de las 500 acciones más destacadas de Standard & Poors, ya cayó
cuatro de los cinco días de la semana pasada, según las cifras de medios
especializados.
Mientras el dólar también siguió
a la baja, se disparó el seguro con el que los inversionistas se cubren ante un
eventual incumplimiento de los bonos de Estados Unidos, lo que prendió la luz
roja en el tablero de riesgos a nivel internacional.
La parálisis está llegando a tal
extremo que grupos empresariales afines a los republicanos han demandado a sus
correligionarios que aprueben el nuevo presupuesto aún cuando no logren frenar
el “Obamacare”, la reforma con la que el presidente dotó de seguro médico a todos
sus compatriotas.
"No está en el mejor interés
de los empleadores, empleados y del pueblo estadounidense arriesgar un cierre
del gobierno que será económicamente perjudicial y crear aún más incertidumbres
para la economía del país”, dijo la Cámara de Comercio de Estados Unidos en una
carta enviada al Congreso.
El presidente, visiblemente
irritado, ha dicho que no cederá un ápice y ha señalado a los republicanos como
los responsables de volver a llevar al país a una crisis.
“Nadie puede amenazar la imagen y
el crédito de Estados Unidos para beneficio propio. Nadie puede dañar nuestra
economía y la de millones de personas inocentes solo porque hay un par de leyes
que no le gustan”, destacó el mandatario.
Las encuestas indican que Obama
está apuntando hacia el blanco correcto. Según el último sondeo de la cadena
estadounidense CNN, un 46% culparía a los republicanos por el cierre del
gobierno, mientras que un 36% consideraría
responsable a Obama y un 13% a ambas partes por igual.
Fuente: Telam

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